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Tradiciones orales

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¿Por qué las tradiciones orales?

Hasta tiempos muy recientes las leyendas, mitos populares e historias mágicas de tradición oral eran considerados como mero pintoresquismo folklórico en el mejor de los casos, cuando no como producto evidente de la ignorancia o la superstición de los sectores populares, "carentes de conocimiento lógico de las leyes de la naturaleza". Aún cuando hoy en día esta perspectiva sigue siendo dominante, pese a las advertencias de Lévi Strauss hace más de un siglo, no fue sino en las últimas dos décadas, quizás como respuesta a los embates de la globalización, que las tradiciones socioculturales comienzan a ser reconocidas como patrimonio y expresión de saberes, instrumento de educación en valores y comunicación intergeneracional, y soporte de memoria colectiva.

De hecho, sólo un mínimo fragmento del conocimiento humano se expresa mediante la escritura, y el territorio de los libros sigue siendo aún hoy (como en tiempos de los escribas egipcios) propio de una minoría exclusiva. Y sin embargo, la experiencia humana sigue construyendo conocimiento y compartiéndolo mediante complejos dispositivos de memoria oral cuya naturaleza y asombrosa eficacia eran (y, en parte, siguen siendo) desconocidos para las ciencias sociales. Nuestro propio trabajo demuestra, con cientos de ejemplos, que esta memoria colectiva jamás es arbitraria. Suelo decir que leyendas, mitos populares e historias mágicas de tradición oral son los sueños de las comunidades humanas, escenas que expresan valores no hegemónicos, conflictos no resueltos y miedos latentes. Pero también, como en los sueños, son expresión de anhelos colectivos.

El acceso a ellos depende, en buena medida, del difícil y desvalorizado ejercicio de la escucha, quizás el más complejo de los oficios imaginables en esta promocionada era de revolución en las comunicaciones y vínculos virtuales. Una escucha horizontal para la que no estamos formado/as lo/as profesionales de las ciencias sociales. Nuestra labor ha debido articular los marcos referenciales de la psicología social, la educación popular y los estudios culturales, pero sobre todo construir, en la marcha de la tarea, una actitud de aprendizaje, un vínculo entre sujetos más que una relación con "informantes calificados", una escucha sensible y comprometida como una conversación de boliche. No son historias que se narren a cualquiera o en cualquier circunstancia. Las tradiciones orales sólo circulan en lo que suelo llamar las "redes ocultas de la comunicación popular", y ganarse un lugar en ellas supone una actitud muy diferente que las habituales entre investigadores e investigados. Pero cuando esta relación de horizontalidad se logra (cosa difícil e incluso dolorosa para profesionales), el resultado es asombroso.

Nuestros trabajos en el campo de las tradiciones orales latinoamericanas son expresión de esta búsqueda, cuyos productos han abierto un fascinante horizonte de comprensión de los contenidos latentes en la memoria colectiva, pero fundamentalmente han operado un cambio radical en la actitud social en relación con los relatos tradicionales y su valor como patrimonio de los pueblos. Hoy, nuestros esfuerzos están dedicados a la inclusión de esta literatura oral mágica de los pueblos en las prácticas formales y no formales de la educación, la consideración de su discurso latente en las acciones de intervención comunitaria y social, en los procesos de desarrollo, y muy especialmente, en la dignificación y visibilización de la diversidad cultural de nuestras sociedades.

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